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RECORDANDO AL P. FRANCISCO DE
ORIHUELA
ES
NECESARIO RECUPERAR
EL
ESPÍRITU DE LA NAVIDAD
por
Vicente
Taroncher
Mora
El Adviento es tiempo de preparación para la
celebración de la Navidad. Tiempo de reflexión para lo que
se avecina, lo que viene: el nacimiento de Jesús, el
Salvador. El Aviento evoca en nosotros los largos siglos de
espera en los
que Israel esperaba que Dios cumpliera su promesa de enviar
a su pueblo el príncipe de la paz
El P. Francisco, como era propio de
la ascesis de su época, durante el adviento, se preparaba
para la Navidad con mucha oración y con prolongados ayunos
y penitencias. Y, llegada la Navidad, experimentaba en su
interior la presencia del Dios de la salvación, que llenaba
su corazón de gozo. Y quería que esa alegría, dentro de
la moderación y posibilidades, tuviese su manifestación
externa, procurando que no faltase en la mesa el turrón
y las bebidas. ¡Qué distinta es la alegría que
brota del corazón a aquella que pretende llenase
simplemente de cosas externas!
Pero el P. Francisco también cifraba su alegría
en la participación de María en el misterio del nacimiento
de Jesús: “María -decía a sus novicios- es
nuestra esperanza; Ella ha hecho posible nuestra salvación
al aceptar ser la madre de Dios y madre de los hombres. Si
Jesús nace para los hombres por María, también debe nacer
en nuestro corazón por María”.
Desgraciadamente para muchos cristianos la Navidad
se reduce hoy a simple folklore y a escandalosas comidas
(claro está, los que pueden), desligando sus vidas del
misterio de la salvación. Nos es necesario recuperar el espíritu
de la Navidad, como lo vivían los buenos cristianos, entre
los que brilla el Padre Francisco.
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